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3 de junio de 2012

Crónica de la marcha el 12M


Un año después…

Los esperábamos. Sentados bajo el sol, disonantes en la plaza de banderas rojas y amarillas, toros de Osborne, puestos de abanicos, guiris comprando entradas para la feria taurina de San Isidro, y adolescentes de enormes gafas en la cabeza y mocasines en los pies.

Alguien los avista en el horizonte de la calle Alcalá y todos nos ponemos en pie. Ocupan un sentido de la carretera de cuatro carriles, son doscientas o trescientas personas.  Quizás más, quizás menos, no puedo ser más exacta.
Gritamos, levantamos los brazos, ellos responden, agitan las manos. Al frente caminan los de Coslada, junto con los de San Blas, la Elipa, Parque Paraíso. .. Al pie de la plaza de toros esperamos nosotros: Alcalá de Henares, Velilla, Daganzo…

Se aproximan. No conozco a nadie, o igual si, en la garganta siento un ahogo pero no sé si es sollozo o risa. Los últimos metros parecen suspendidos fuera del tiempo, la gente alcanza por fin a tocarse y la alegría salta descorchada hacia arriba. Ventas, uno de los puntos de encuentro de la marcha de los pueblos del este de Madrid hacia Sol, se derrama en canciones. Mezclados, unidos,  marchamos Alcalá calle arriba al ritmo de esa vieja canción mejicana: “la Democracia, la Democracia, ya no puede caminar, porque le falta, porque no tiene, soberanía popular..

Hace mucho calor, vamos vestidos con frases de papel y banderas de colores. Un señor carga dos cántaros de agua en la cesta de su bicicleta, pedalea de manera anárquica entre nosotros, y nos riega con un pulverizador como si fuéramos plantas, y nosotros crecemos y nos multiplicamos en el camino.
A la altura de Manuel Becerra aparece Moratalaz, barrio Salamanca, Prosperidad…   No puedo  señalar en el mapa el punto justo en que nos hemos convertido en multitud. Entre ella camina una mujer de ojos blanquecinos, traslúcidos, aferrada a un cartel que reza: “Yo no veo, pero la banca que vista tiene”.

La calle desciende suavemente una vez superada la Puerta de Alcalá, el desnivel nos permite descubrir a la diosa Cibeles y el océano de gente que allí nos espera. Entonces suenan todavía más fuertes los tambores, y las manos se alzan de nuevo. Es la fiesta anticipada del encuentro. La fuerza del nosotros. Sobre el césped que rodea el monumento, un padre festeja con su bebe, lo levanta repetidamente por encima de su cabeza, el bebe ríe, y la gente a su alrededor grita que el pueblo unido jamás será vencido. Parece una postal de propaganda revolucionaria, una imagen de libro de historia, pero es la realidad de este sábado de primavera.

A las 18:54 de la tarde del 12 de mayo de 2012 la Marcha Este hacia Sol cruza la puerta de Alcalá. Bajo el astro, sobre nuestras cabezas, vuela un helicóptero. Lo miramos, es apenas un puntito suspendido en un cielo que amenaza con tormenta de verano. Me pregunto como se nos verá desde allá arriba, mis compañeros de la Asamblea de Alcalá entonan el ya famoso y luego diréis que somos cinco o seis.

El norte llega por Fuencarral, el oeste por Opera. El sur sube por Jacinto Benavente. El sol sale esta tarde desde los cuatro puntos cardinales para brillar toda la noche.

Poly aparece en Cibeles, emocionada, nerviosa, con sus setenta y muchos, su enormes gafas, y una estridente chaqueta verde que creo que ha elegido en honor a los maestros y maestras que defienden la educación de todos. Yo voy de azul, mi camiseta reivindica una salud pública de calidad, sin recortes, copagos ni privatizaciones. La sanidad en la que me gustaría poder encontrar un puesto de trabajo.

Una chica vocea que los del sur están entrando ahora por Atocha, que son muchos, muchísimos, que tenemos que esperar porque van más despacio que nosotros. Pienso en cómo es posible coordinar, sin jerarquías y desde los cuatro puntos del horizonte, a tanta gente distinta y que todo salga bien.

La columna se pone de nuevo en marcha. El bochorno aprieta. Camino, me comunico y le grito a Mariano que no va a llegar al verano. Pero Mariano, mi presidente, no quiere escucharme.

Hay niños por todas partes. Un hombre joven no para de pegar saltos con una pancarta que declara que el sur está saqueado, el norte cerrado, y que derechos tenemos todos. Lleva de la mano a sus dos hijos pequeños que saltan con él, uno a cada lado, desacompasados los tres. A su lado hay una mujer, la madre, la compañera, que los regaña, también a los tres.
Vamos entre la Asamblea de San Fernando de Henares y los del barrio de la Concepción. A la altura del Círculo de Bellas Artes una chica me golpea, sin querer, con un cartel que dice que hace el tiempo perfecto para vivir un momento histórico. Estoy de acuerdo. En el mar de gente ondea una bandera pirata.

De repente, una voz metálica me asalta por encima de la cabeza. He acabado debajo de una marquesina de autobuses que me informa de que las líneas 52 y 53 pueden verse modificadas en sus itinerarios y frecuencias de paso. El anuncio se pierde en la batucada que retumba y retumba entre los edificios de la calle Alcalá.

El grito que enciende a Juan Carlos, un compañero de asamblea, es el de ¡España, mañana, será republicana!.Se le ha quebrado la voz de tanto gritarlo, y a veces me cuesta entenderle cuando viene a contarme la última frase o cartel que ha leído para que lo apunte en mi cuaderno.

Los semáforos de la calle Alcalá están en rojo pero la gente sigue adelante. En la acera dos angelicales niñas rubias, parecidas a las pequeñas infantas,  corean, con tierna voz infantil que no, que no nos representan. A su lado una muchacha super fashion sostiene un trozo de papel en el que está escrito, de manera precaria, que nos mean encima y dicen que llueve.

A la altura de metro Sevilla casi somos arrollados por un enorme euro de cartón. La columna avanza ahora muy lentamente al son de aquella canción que cantábamos en el patio del colegio, y que hace referencia al patio de nuestra casa, solo que ahora nos negamos a agacharnos a eso de que la escuela de Esperanza es particular, pues si no tienes dinero no puedes entrar.
¡Tú, perroflauta!- le grita un chico a un amigo que lleva una camiseta roja donde se lee Vallekas por la huelga general. El amigo no responde, solo mira fijamente hacia adelante. A lo lejos deslumbra, por fin, el SOL en la plaza.
La eternidad cabe en unas pocas unidades del sistema métrico decimal. Los últimos pasos. En Alcalá 1 hay una enorme pancarta vertical suspendida en el aire por globos negros y naranjas donde pone en mayúsculas SI SE PUEDE. La pancarta se suelta y la gente levanta los brazos hacia arriba acompañando su ascenso al cielo mientras estalla en el grito único, ensordecedor, y mil veces repetido, de que si, si se puede.

Llegamos. Al oso y al madroño le han florecido unos chicos de amarillo sin miedo. En Sol no cabe un alfiler, pero todo el mundo se busca. Hay tanta gente en la plaza que decenas de globos con mensajes rebotan de coronilla en coronilla sin caer nunca al suelo.

Aún quedan un par de horas, es duro permanecer en tan escasos centímetros cuadrados así que buscamos aire en los escalones de descenso al metro. De vez en cuando la plaza grita por encima nosotros y nos preguntamos qué pasa. Pepe, que otea el horizonte desde el primer peldaño, nos contesta divertido que lo que pasa es que no tenemos casa. Y tiene razón.

Hay que cambiar el verbo. Esta noche no puedes moverte, debes deslizarte, irradiarte. Y así, resbalando y esparciéndome sobre los cuerpos, consigo llegar hasta la entrada de la calle Carreteras, por donde el sur sigue fluyendo en un rio infinito, en busca de mi hermana. La escuche antes de verla. Está entre las que más alto cantan, las que reivindican que la noche, las calles y las plazas también son nuestras, que no queremos Dios, ni amo, ni marido, ni partido y que estamos hasta los ovarios del fondo monetario.

La crisis es una estafa. Lo sé yo, lo sabe la gente que alumbra esta noche 
Sol. Y no somos pocos, me ha costado más de una hora salir del espacio de la boca de metro, llegar a la entrada de Carretas y volver de nuevo al centro de la plaza. Calculen, el número de centímetros por minuto recorrido es inversamente proporcional al número de personas despiertas. Los medios de comunicación están aquí, pero mañana dirán lo que más sirva a los que esta noche no están en la plaza, a los que prefieren seguir haciéndose los dormidos.

La crisis es una estafa. No es una anomalía, un incidente imprevisto del sistema, sino una etapa más, lógica y necesaria, de este modelo diseñado para que unos pocos vivan de manera progresiva y ascendente en el lujo, a costa del malvivir, progresivo y ascendente, de la inmensa mayoría, en una (des)proporción de 1 a 99, dentro y fuera de tu ciudad, comunidad, país y continente.

La crisis es una estafa y rompe la paz social. Carmen me sonríe y levanta sus manos al lado de las mías. Contamos los segundos. La esfera luminosa del reloj brilla como estrella, la voz de la campana hace enmudecer la plaza y yo siento, mientras agito los dedos hacia el cielo como queriendo agarrar algo, como se me eriza la piel desde los tobillos. Algo parecido a la energía eléctrica recorre mis piernas, escala mis glúteos, invade mi espalda, y encrespa los primeros rizos que nacen por detrás de mis orejas cuando Sol, tras un minuto de silencio, estalla en aplausos a las 12 de la noche del 12 de mayo del año 2012....

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